El 25 de junio de 1982, Ridley Scott estrenaba su adaptación de "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" de Philip K. Dick. Una Los Ángeles de 2019 bajo lluvia perpetua, neón y humo que redefinió para siempre la estética del cyberpunk.
Syd Mead diseñó una Los Ángeles híper industrial de chimeneas en llamas, coches voladores y neón, construida con más de 12 maquetas de más de un metro y matte painting artesanal.
Sintetizadores mezclados con instrumentos clásicos, jazz y rhythm and blues. Una banda sonora melancólica y mística cuyo tema "Tears in the Rain" es inseparable del monólogo final.
Con $28M de presupuesto recaudó apenas $33.7M y fue recibida con frialdad, ensombrecida por "E.T.". Hoy es una de las películas más influyentes de la ciencia ficción moderna.
"Una maravilla artesanal donde la fotografía, la atmósfera, la música y el diseño de producción convierten a Los Ángeles en un personaje más. Atemporal y de las más influyentes de la ciencia ficción moderna."
En un futuro sombrío y lluvioso, un ex policía vuelve al servicio para buscar y destruir a un grupo de androides que fingen ser humanos para, integrados en la sociedad, encontrar a su creador y matarlo.
Efectos analógicos íntegramente prácticos, la partitura de Vangelis, el monólogo improvisado de Rutger Hauer y una reflexión humanista sobre qué nos hace humanos.
Rodaje tenso, presupuesto que superó el doble de lo previsto, un montaje impuesto con voz en off y, años después, el Director's Cut (1992) y The Final Cut (2007).
Se unió al proyecto en 1980 tras abandonar la preproducción de "Dune". Perfeccionista y de control absoluto, tomó como referencias la revista de cómics "Metal Hurlant", "Metrópolis" de Fritz Lang, "Alphaville" de Godard y la novela negra de Raymond Chandler. Su búsqueda obsesiva de la perfección tensó al equipo entero, pero convirtió la película en una joya del cine.
Los pilares que convierten la distopía de Ridley Scott en una reflexión atemporal sobre la identidad, la memoria y lo que significa estar vivo.
Recibida con frialdad por público y crítica en 1982 —el año de "E.T." y de un Hollywood volcado en lo luminoso y familiar—, Blade Runner se convirtió con los años en una de las películas más imitadas de la historia. Su estética definió el aspecto visual de casi todo el futuro que el cine imaginó después.

Blade Runner volvió el cyberpunk mucho más oscuro y sucio, con corporaciones opresivas y gobiernos convertidos en marionetas. Esa mezcla de cine negro y ciencia ficción —tech-noir— no ha dejado de replicarse desde entonces.

Dos años después del estreno llegó "El Neuromante" (1984) de William Gibson, la novela más famosa del género. El término "cyberpunk" ya había sido acuñado en 1980 por Bruce Bethke en su relato homónimo, publicado en 1983: la película y la etiqueta crecieron juntas.

Contratado inicialmente solo para diseñar los coches, Syd Mead terminó dando forma a la ciudad entera y a gran parte del concept art, quedando inscrito como uno de los artistas conceptuales del cyberpunk más imitados de todos los tiempos.

Innumerables videojuegos, juegos de rol y de mesa, y cómics beben directamente de su estética; algunos incluso han expandido de forma explícita el universo creado por Ridley Scott, manteniéndolo vivo cuatro décadas después.

El monólogo improvisado por Rutger Hauer trascendió la película para convertirse en una de las citas más reproducidas de la cultura pop, referenciada en música, literatura, publicidad y discursos sobre mortalidad y memoria.

El Director's Cut (1992) y The Final Cut (2007) crearon un fenómeno raro: una película que se debate versión por versión. La escena del unicornio y la ambigüedad sobre si Deckard es un replicante siguen generando teorías y análisis interminables.
"Ridley Scott ha influido en la ciencia ficción moderna tanto con Blade Runner como con Alien, al igual que hizo Kubrick con 2001 o George Lucas con Star Wars."
Un detective del noir clásico al estilo de Philip Marlowe, con sonrisa desafiante y presencia atlética. El personaje final es mitad visión de Scott, mitad aportación de Ford.
Rabia, tristeza, amor y un toque juguetón con una sutileza increíble. Improvisó el monólogo final, considerado por muchos el mejor de la historia del cine.
Una belleza clásica, elegante y sofisticada sacada del cine de los años 40, pero también profundamente sensible incluso sabiendo lo que es.
Inocente, sensual y quizá la más peligrosa. Su enfrentamiento contra Deckard en la casa de J.F. Sebastian es una maravilla de violencia y tensión.
El creador de los replicantes, una figura que evoca directamente al doctor Frankenstein del "moderno Prometeo" de Mary Shelley.
Un oficial de policía bastante frío, cuyas figuras de origami —incluido el célebre unicornio— alimentan la teoría más discutida del filme.
Un gran personaje, tan entrañable como triste: el diseñador genético que envejece prematuramente y comparte la fragilidad de los replicantes.
Los otros dos replicantes fugitivos del grupo de Roy Batty, cuya persecución articula la trama detectivesca de la película.
