Roy del Espacio se produjo entre 1979 y 1982 y se estrenó el
3 de marzo de 1983. Son 64 minutos de ciencia ficción pulp contada
completamente en serio: una radiación cósmica procedente de Marte
amenaza la Tierra y la ONU envía al mejor astronauta del mundo, Roy,
en misión de paz junto al doctor Faz y la psicóloga Helena. A partir
de ahí, robots, déspotas, lavados de cerebro, monstruos y batallas
espaciales.
Doce cines y cuatro días
Su vida comercial fue brutalmente corta. Abrió en doce salas
de la Ciudad de México. Diez la retiraron a los dos días;
las dos restantes aguantaron hasta el miércoles siguiente. No se
publicaron críticas de la época: todo lo que se escribió sobre ella
llegó dos décadas más tarde, y casi siempre para maltratarla.
Para los años 2010 las publicaciones mexicanas ya la daban por
lost media. El investigador colombiano Alejandro
Vidal Charris descubrió después que el negativo original
seguía en la Cineteca Nacional, en posesión de la familia del
productor. La película había desaparecido del ojo público, pero no
de la bóveda.
Nadie la había visto desde que se estrenó. Cuando recibieron los
escaneos, dijeron: «esto es increíble».
Isabelle Aspin, animadora
El problema legal que obligó a animar de nuevo
Al examinar el escaneo apareció una sorpresa: varios minutos de
imagen real tomados sin permiso de Mensaje del espacio, la
película japonesa de Kinji Fukasaku de 1978. Deaf Crocodile no tenía
derechos para incluirlos. En lugar de sustituirlos por rótulos
explicativos, encargaron cuatro minutos y medio de animación
nueva a los animadores independientes Isabelle
Aspin y Brian Smee.
El encargo no era mejorar la película ni suavizar sus rarezas, sino
volverse invisibles. Se impusieron reglas extraídas del propio
material original: nada de zooms de lente, cámara fija, sin
movimientos verticales en el truca. Pintaron todos los fondos sobre
papel, entintaron y pintaron los personajes sobre acetatos, y
resolvieron las naves como híbrido de celuloide y recortes movibles.
Gastaron las últimas existencias de un alijo de pintura vintage
Cartoon Colour y Chroma Colour que llevaban casi una década
guardando. Para el amarillo opaco, que ya no se fabrica, acabaron
recurriendo a acrílicos Vallejo de los que usan los pintores de
miniaturas. El resultado se fotografió en digital, se pasó a 16 mm y
se volvió a escanear para que el grano se pareciera al 35 mm
original.
Es un testimonio del poder de la animación y de que se puede hacer
algo desde la pasión pura, fuera del sistema de estudios.
Brian Smee, animador
Hecha por adolescentes
El contexto de la producción original explica casi todo. Sus
predecesoras, Los tres Reyes Magos y Los Supersabios,
las habían hecho profesionales con oficio. Roy fue un
proyecto casero dirigido por un cineasta especializado en cabeceras y
anuncios, con un equipo de adolescentes sin experiencia
que aprendían sobre la marcha: los hijos y sobrinos del productor
pintando acetatos, chavales llegados de un programa de prácticas de
bachillerato y un único animador veterano, Ignacio «Nacho» Rentería.
Calcaban fotogramas proyectados del serial de Flash Gordon de
1936.
La edición en Blu-ray para Norteamérica incluye librillo, entrevistas
con familiares de los responsables y un reportaje sobre la animación
nueva. Deaf Crocodile trabaja además en programar más proyecciones
públicas y en festivales.