El contrato que nadie había firmado
En 1939 RKO fichó a Orson Welles, que tenía 24 años y ninguna película a sus espaldas, con un contrato inaudito: control creativo total y el montaje final. Venía del teatro Mercury y del pánico que había desatado con su versión radiofónica de La guerra de los mundos.
Hollywood lo trató como a un niño prodigio arrogante. Él contestó con su primer largometraje.
