Tony Camonte «Caracortada», el primer gánster de Hollywood
Isaac Morais Vargas · 8 min de lectura
La película "Scarface, el terror del hampa" (1932), del brillante cineasta Howard Hawks, nos dio al primer miembro de la familia criminal más longeva de la cultura popular: los gánsters del cine norteamericano. Vito y Michael Corleone, Tony Montana, Tony Soprano, Frank Lucas y muchos otros capos de la ficción cinematográfica han fascinado a millones de espectadores en todo el mundo. Sin embargo, ¿quién fue el primero de estos pistoleros ficticios en enamorar al público? ¿Y cómo se explica que un personaje de ficción, quien se supone que encarna a un tipo de sujeto perjudicial para la sociedad, sea objeto de admiración, cuando no de idolatría, de esa misma sociedad?
En primer lugar, mencionemos, brevemente, tres antecedentes importantes:
- El largometraje "La Ley del Hampa" (1927), de Josef von Sternberg.
- La novela "Scarface" (1929), de Armitage Trail.
- La vida, relativamente poco conocida hasta entonces, del mafioso Al Capone (1899-1947).
Es cierto que La Ley del Hampa no es la primera película de cine criminal conocida, pero sí terminó por definir el género como lo conocemos hoy, con los habituales clichés que siguen funcionando: el matón como protagonista de la obra, su segundo al mando, la chica guapa por la que ambos compiten, las guerras contra bandas rivales, etcétera. Ahora bien, la versión de Hawks cuenta, entre otras maravillas, con la memorable interpretación de Paul Muni, quien da vida a Tony Camonte, prefiguración directa del legendario Tony Montana, interpretado por Al Pacino en el remake de Scarface (1983), de espléndido éxito.
Así como la primera versión de Scarface es injustamente poco conocida en la actualidad, se conoce todavía menos que tal versión es una adaptación de la novela escrita por Armitage Trail. Partir de una obra literaria ofrecía a los realizadores de la cinta una ventaja indudable, pues ya la historia había sido compuesta con criterios artísticos, y esa ventaja se aprovechó bastante bien. Por otro lado, el libro es, a su vez, una adaptación libre de las fechorías y del modus operandi de Al Capone.
Así pues, vayamos a la trama del filme: Antonio "Tony" Camonte es un gánster de origen italiano. Tiene un carácter brutal, temerario, sin escrúpulos, con dotes naturales para el liderazgo del mal y, sobre todo, rezuma ambición. Mucha ambición. Es el segundo al mando de cierta mafia, cuyo jefe ha depositado en él toda su confianza. Pero Tony no quiere llegar a viejo siendo un segundón. Con el paso del tiempo y gracias a su astucia y a su voluntad de acero, logra eliminar a su jefe y a los capos de las bandas rivales locales, de manera que se hace con el control total del crimen en la ciudad. Este poder, no obstante, le dura muy poco, pues ebrio de sí mismo y de su suerte, termina por autodestruirse, aniquilando a los suyos en el camino.
La película evidencia, entre otras cuestiones, que el mundo del hampa funciona dentro de una estructura organizada, que implica la obediencia a ciertos códigos o reglas internas cuya transgresión se paga con la muerte violenta y, casi siempre, infame. Por otro lado, la cinta también muestra cómo Tony Camonte puede escalar cada vez más alto dentro del ámbito delictivo, a pesar de que ese mismo ascenso termina precipitándolo a su final. Esto se hace patente, a mi juicio, en los vínculos que mantiene con su fiel amigo (Guino) y con su propia hermana, Cesca.
Sucede lo siguiente: encontrándose en la cima de su poder, Tony se entera de que Cesca y Guino son amantes. Tony, quien durante toda la cinta ha mostrado síntomas de padecer una suerte de obsesión incestuosa por Cesca (incluyendo una escena donde rasga el vestido que su joven hermana lleva puesto, dejándola parcialmente desnuda, antes de golpearla brutalmente en la cara), Tony, como digo, se apersona casi enloquecido en el apartamento donde se encuentra la pareja y, sin más, dispara y asesina a Guino.
Ese acontecimiento inicia la desgracia de Tony Camonte. Cesca, mientras chilla y grita junto al cadáver de Guino, le revela a su hermano que la pareja se había casado en secreto, con la intención de darle una bonita sorpresa a Tony. El hampón, desorientado, se refugia en su mansión, una pequeña fortaleza de dos plantas, y entonces recibe la noticia de que la policía, que ha estado detrás de él desde hace mucho tiempo, va en camino a aprehenderlo por la muerte de Guino.
Mientras Tony se prepara para enfrentarse él solo a la policía, Cesca llega a la mansión, confesando que perdona a su hermano, y ambos comienzan a enfrentarse a tiros con los efectivos policiales que se han ubicado frente a la habitación de Tony y han comenzado a disparar. Uno de los disparos impacta en Cesca y la hiere de gravedad. Entonces Tony se quebranta y, por única vez, deja ver su sensibilidad más profunda: llora de miedo mientras ve agonizar a su amada hermana y le ruega que no lo abandone, pero Cesca, tras comprender, quizá, que a fin de cuentas Tony no es más que un hombre asustado, llama a Guino entre suspiros y muere.
Ese deceso es sinónimo de la muerte espiritual de Tony Camonte. Una vez sin Cesca, el maleante pierde la voluntad, suelta las armas y se rinde, anunciando que se entregará a la justicia. Y en un intento postrero por escapar, finge que se dejará esposar muy cerca de las puertas de la mansión y sale corriendo a la calle, solo para ser acribillado por la policía y morir tirado en el piso.
Deliberadamente, he omitido referir, en detalle, de qué manera el protagonista del filme va ascendiendo en el mundo criminal de la ciudad, por la sencilla razón de que ese ascenso ya se ha contado muchas veces a lo largo de la historia del cine. No necesitamos que nos repitan hasta la saciedad el manual para ser un malandro exitoso. Porque este es, lamentablemente, el principio que la degeneración extrema del género gánster ha sembrado en la cabeza de muchos jóvenes: que la delincuencia es una forma válida de escalar socialmente. Por ello creo muy apropiado referir ahora el título original completo del largometraje que nos ocupa, aunque extendido después de su estreno: "Scarface: The Shame of a Nation" o también "Scarface: The Shame of the Nation". Es decir: "Caracortada: La vergüenza de una nación" o "Caracortada: La vergüenza de la nación".
Porque Tony Camonte "Caracortada" (apelativo que alude a cierta cicatriz que le cruza el rostro) es una vergüenza para la sociedad. Es un individuo que se dedica a arruinar vidas humanas y a destruir todo lo que encuentra a su paso, con tal de saciar su sed enfermiza de poder. El prólogo del filme, también agregado después de su estreno, expresa claramente que el objetivo de la obra es llamar la atención de las autoridades competentes sobre ese flagelo social terrible que es el crimen organizado. Y no como en la actualidad, donde a los peores delincuentes se los endiosan en largometrajes, series de televisión, narconovelas, videojuegos y toda suerte de fetiches comerciales, monetizando la ignorancia y la ingenuidad de los más jóvenes, contribuyendo a hacer de ellos, no ya las vergüenzas de nuestras naciones, sino los miembros casi inevitables de una sociedad devenida en suciedad, la verdadera Vergüenza del siglo XXI.
